Se retira del ciclismo a los 106 años

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«La bici se ha terminado. Era lo único que me interesaba. Estoy triste», reconocía con pesar Robert Marchand, que hace un año acaparó portadas en Francia por recorrer a sus 105 años 22,547 kilómetros en una hora. Lo hizo en un velódromo con pista peraltada de material sintético, en Saint Quentin-en-Yvelines, como dos décadas atrás hiciera Miguel Induráin en Burdeos. Al igual que ocurrió con el navarro, varias televisiones lo emitieron en directo. El ciclista francés, para quien la Unión Ciclista Internacional (UCI) creó la categoría de centenarios especialmente para él, tiene que retirarse de la práctica deportiva por prescripción médica (a veces la tensión le sube hasta 18 o 20). «Sus médicos no quieren que haga grandes esfuerzos», reconoce Christian Bouchard, amigo y vecino de Marchand, que vive de manera autónomana en Mitry Moriy, en los suburbios parisinos, con una modesta jubilación que apenas alcanza los 900 euros. Deseaba participar en una prueba de cuatro kilómetros en pista, pero el médico de la selección francesa pidió a la federación de su país que no le autorizara a competir por temor a que sufriera una crisis cardíaca.

«Es un personaje muy conocido en todo el país», explica Willy Maisonnasse, periodista de la RTL y vecino de la región de L’Ardèche, donde Marchand era el emblema de la popular carrera ‘La Ardechoise’, maillot con el que logró su récord mundial siete meses antes de conquistar, en agosto pasado, el título de campeón de mundo de ciclismo en ruta para mayores de 105 años… en una carrera sin rivales. En L’Ardèche le pusieron su nombre a un puerto de 911 metros en homenaje a que nació un 26 de noviembre de 1911 en Amiens, cuando apenas se habían celebrado siete ediciones del Tour de Francia y tres años antes de que los alemanes llegasen a su pueblo en la Primera Guerra Mundial. Los conflictos bélicos y sus ideales marcaron su vida: fue granjero, se marchó a París y empezó a practicar el boxeo después de que le recomendaran no intentar ser profesional del ciclismo por su baja estatura.

Fue profesor de Educación Física y bombero (en 1924 su equipo de gimnasia ganó el título francés de ‘castellers’ humanos) y después de la victoria del Frente Popular, en 1936, se afilió al sindicato comunista (Confederación General del Trabajo), al que sigue perteneciendo pese a llevar años jubilado.

Durante la ocupación nazi de la Segunda Guerra Mundial (y antes de quedarse viudo en 1943) fue encarcelado por negarse a dar clases de gimnasia a hijos de colaboracionistas, y eso le valió posteriormente un reconocimiento oficial como miembro de la Resistencia. Emigró a Venezuela en 1947 (allí fue granjero y camionero) antes de asentarse tres años en Canadá, donde no se adaptó al frío tras vivir como leñador. Regresó a su país, donde también fue socorrista, para dedicarse a la horticultura, pero como el asunto tampoco le funcionó optó por vender zapatos y después vino, ya que gestionó una bodega.

Hace cuatro décadas, en 1977, cuando conducía su Citroen 2CV, tuvo envidia de una grupeta de ciclistas y se compró una bici, Le entró el gusanillo y fue capaz de viajar desde París hasta Moscú. Sus logros como jubilado en las clásicas francesas le hicieron ganarse el corazón de los franceses, convirtiéndose en una celebridad en el país, al punto de que fue recibido por François Hollande. «Es como una persona de 75 años en buena forma. Tiene mucha energía y sólo se le nota la edad, al margen de algo de artritis en las manos, en que está muy sordo. Pero eso no le hace perder el buen humor», relata Maisonnasse.

Le aburre que le pregunten por su secreto (su capacidad cardiorrespiratoria de un hombre de 60 años) y tras explicar que nunca ha fumado, que apenas prueba el vino y que prefiere el pescado a la carne porque sufre pensando en lo que pasa en los mataderos, termina diciendo que «el aperitivo previo a la comida» puede ser la clave de su longevidad. Y el ciclismo, que sigue con devoción por televisión. Al menos podrá consolarse con la bicicleta estática que tiene en su casa, aunque todo ‘globero’ sabe que no es lo mismo.

Noticia:ideal.es

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